Abrázame; abrásame,
consume así, todo lleno de rabia, de loco frenesí,
con tus labios de tormenta enciende mis deseos como estrellas,
condúceme al ocaso, deshaz mi piel de un solo trazo.
Ser sublime y etéreo; ven y toma mi calma
como lo haces siempre,
derrochando dulzura, destilando pasión, creando fantasías,
indúceme a la perdición, despiértame flor de regazo.
Y cuando tu basta anatomía como cuerpo modelo
haya forjado mi piel de dulce, detenme, suspéndeme,
retén ese instante de gloria como afable infinidad
y de nuevo, abrázame, ahora sólo para llegar.
Y ya de vuelta, con serena amabilidad,
devuélveme mi alma, ángel de condena
que no me veas llegar a la realidad,
suficiente e incauta de pecar.
Adarely Miroslava Huertas de Rolin.